El Gran Cambio

Y después de pasarme por casi cada edición de D&D, finalmente “planté el huevo”. Fama y Fortuna, que es como he llamado a mi pequeño engendro, es un cóctel con las reglas que más me gustan y que me permiten dirigir mejor las partidas que yo quiero. Y por dirigir mejor me refiero a no tener que excusarme para usar o no tal regla, saltarme tal cosa o plantearme tan siquiera si cierta tirada está equilibrada en cuanto a reglas/narrativa/emoción/jugabilidad.

Empecé muy de lleno con Swords & Wizardry, un retroclón que os recomiendo si queréis como yo trastear con el reglamento, pero ahora, después de un largo viaje, me he quedado muy, muy cerca de Astonishing Swordsmen & Sorcerers of Hyperborea (del que va a salir YA la segunda edición), y con esto, más cerca aún espiritualmente de AD&D 1e. Si me tuviera que quedar con un sistema sin tocarlo, y jugarlo tal cual, sería ese o bien el Fantastic Heroes & Witchery, ambos juegazos por derecho propio. Pero como decía al principio, ninguno satisfacía mis gustos al 100%.

De los cambios más importantes que he introducido, quizás el dado de uso de The Black Hack, el sistema de carga de Lamentations of the Flame Princess y la magia basada en puntos de maná del Player’s Option: Spells & Magic de AD&D 2e. Estoy tímidamente coqueteando con la gestión de dominios de An Echo Resounding, pero es pronto para decir que forma parte de la campaña.

Donde mayor ha sido el giro ha sido en la ambientación.

Empecé a tope con Mystara, concretamente en Darokin con mis jugadores lanzándose al interior de Stonhell. Pero conforme la partida ha alejado el foco del afamado megadungeon y hemos empezado a explorar los alrededores Mystara se ha vuelta pequeña, opresiva.

Veréis, los Gazetter son muy desiguales. Los hay completísimos, suficientes para jugar campañas en la región, y los hay tristísimos con tan poca información que uno se sorprende que hubiera tan siquiera interés en publicarlos. Luego está el material fan, enorme, pero a la vez tan específico que (en mi caso) era inútil para la campaña media. Así que me planteé desmontar Mystara como si de un puzle se tratara: quitar los países y las regiones que no me interesaban y sustituirlos por otros de la propia Mystara o por regiones de mi inveción.

Estuve a puntito, me faltó nada.

Hasta que lo pensé por un momento.

¿Para qué ensuciarme un par de dedos… pudiendo pringarme hasta las orejas?

Y así he tirado para las cosas que me gustan, en busca de esa iteración fantástica donde encajen las historias que quiero contar. Veréis, a mí me encanta la Espada y Brujería, pero no me gusta la Era Hiboria. Me flipa el mundo clásico, pero no me gusta el Sword & Sandals como género rolero. A mí me gustan lo que los ingleses llaman un kitchen sink, donde meta de todo (pero con coherencia). Por otra parte, estoy hasta las narices de las ambientaciones diseñadas por señores que en su vida han pasado calor, donde los “infiernos en la tierra” son sitios donde hace 36º en verano. Las próximas Gen Con las hacía yo en Jaen, íbais a ver el cambio en las ambientaciones venideras… La cuestión es que llevo años con ganas de jugar en Europa, no tiene que ser la de verdad, pero sí con su orografía, sus montes, sus playas, su clima… que cuando le diga a los jugadores que van a la cornisa cantábrica entiendan el frío que hace, y no tener que explicar por enésima vez que esto es el jodido midwest de los EEUU.

Entonces, tengo el sitio, tengo el tono… pero me falta el jugo, la chicha. O no.

Así que he hecho lo que para algunos será imperdonable, otros me dirán que para eso me hubiera quedado con el juego que tal, bla, bla, bla. He cogido El fucking Señor de los fucking Anillos. No me refiero a ningún rollo nuevo, a la adaptación a 5e, etc., no, he cogido el MERP, lo he roto en pedacitos y lo he pegado como mejor me ha parecido en un mapa físico de Europa. Me he pasado por el forro las “reglas” de Arda, los hobbits bonachones, la cronología, las relaciones, la novela de Kiril Yesov, a Tolkien, su Gandalf y a los anillos de humo y la madre que los parió, su tecnofobia, sus paralelismos con el Antiguo Testamento. Joder, no os imagináis que orgía de ideas.

Todo a la puta licuadora.

Nithiel, el pueblo donde están los jugadores desde el principio, está ahora en mitad de Bronaeradh, al norte del Harad y al sur de Andor. Los jugadores no tienen ni idea de esto, claro. Pero es que es más, no voy a soltar ni prenda de qué cambios he metido y cuales no. ¿Están por ahí los Anillos? ¿Se puede alcanzar el rango de Maia igual que antes se podía converir uno en Inmortal? ¿Quedan Balrogs en el mundo? ¿Son los dioses que adoran las gentes reflejos y representaciones de los Vala y los Maia? ¿De dónde sacan su poder los magos?

Joder. No os hacéis una idea de lo que me emociona esto. Y sin contar que ¿me gusta? ¡lo meto! Oye, pues igual hay una raza por ahí de inmortales (léase con minúscula) que van cortándose la cabeza y al final solo puede quedar uno. O quién sabe, mañana igual meto unas gárgolas que al llegar el día se convierten en piedra.

Es la borrachera del poder. De tener el control completo y absoluto de mi juego.

Joder qué subidón.

¡Saludos y buenas salvaciones!

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